sábado, 9 de julio de 2011

FACTOR SECRETO EN LA DERROTA ALEMANA


La revolución marxista soviética de 1917 y la revolución marxista alemana de 1918 tuvieron un mismo origen. Desde 1848 era público que Marx y Engels buscaban la conquista del proletariado germano; luego Lenin, Trotsky y otros israelitas proclamaron como meta la unificación e internacionalización de las masas rusa y alemana. Al caer el  Emperador Guillermo II, como cuando en Rusia cayó el zar, los israelitas aumentaron su influencia en Alemania: Al terminar la guerra —dice Henry Ford— los gananciosos fueron los judíos... En Alemania (1918) controlaron: Rosenfeld el Ministerio de Gracia y Justicia; Hirsch, Gobernación; Simón, Hacienda; Futran, Dirección de Enseñanza; Kastenberg, Dirección del Negociado de Letras y Artes; Wurm, Secretario de Alimentación; Dr. Hirsch y Dr. Stadhagen, Ministerio de Fomento; Cohen, Presidente del Consejo de Obreros y Soldados, cuyos colaboradores judíos eran Stern, Herz, Loswemberg, Frankel, Israelowitz, Laubeheim, Seligschen, Katzenstein, Lauffenberg,  Heimann, Schlesinger, Merz y Weyl. Nunca la influencia judía había sido mayor en Alemania, y se erigió mediante la ayuda del bolchevismo disfrazado de socialismo, del control de la prensa, de la industria y de la alimentación. Los  judíos alemanes Félix y Paul Warburg cooperaban en Estados Unidos, en el esfuerzo bélico contra Alemania. Su  hermano Máximo Warburg alternaba, entre tanto, con el gobierno alemán. Los hermanos se encontraron en París,  en 1919, como representantes de «sus» respectivos gobiernos y como delegados de la paz... —Mediante  empréstitos, los judíos se infiltraron en las cortes, lo mismo en Rusia que en Alemania o Inglaterra. Su táctica  recomienda ir derecho al cuartel general. Más coincidencias: Walter Rathenau, judío, era el único que poseía la comunicación telefónica directa con el Kaiser. En la Casa Blanca de Washington influían también varios judíos... »Al Estado Judío Internacional que vive  secretamente entre los demás Estados, le llaman en Alemania 'Pan-Judea'. Sus principales medios de dominación son capitalismo y prensa. La primera sede de 'Pan-Judea' fue París; luego pasó a Londres, antes de la Guerra, y ahora parece que se  trasladará a Nueva York (1920). Como Pan-Judea dispone de las fuentes de información del mundo entero, puede ir preparando la opinión pública mundial para sus fines más inmediatos... El Berliner Tageblatt y la Munchener Neuste Nachrichten fueron durante la guerra órganos oficiosos del gobierno alemán, y sin embargo, defendían decididamente los intereses judíos. La 'Frankfurter Zeitung', de la que dependen muchos otros diarios, es genuinamente judía». Muy distante del fabricante norteamericano de automóviles que  hacía estas observaciones, el general Ludendorff, estratega alemán, no se explicaba la derrota de 1918 y presintió  que allí actuaban fuerzas ocultas que no encajaban en los cálculos del Estado Mayor. Después de hacer estudios e  investigaciones en este sentido, afirmó que las fuerzas responsables de la derrota de Alemania constituían el poderío secreto del mundo, formado por judíos y masones. Con base en diversos documentos aseguró que éstos habían estorbado la producción de guerra y fomentado la desmoralización en la retaguardia. En su testamento  recomendaba a los alemanes un esfuerzo supremo, económico, militar y psicológico, a fin de sacudir la influencia del poderío secreto del mundo. («La Guerra Total»). Entre tanto, con el uniforme de cabo, Adolfo Hitler ya no pensaba en la arquitectura —que fue su ambición anterior a la guerra—, sino en la política. Le había impresionado sobremanera el triunfo total del marxismo en Rusia y los progresos arrolladores que hacía en Alemania. Lenin anunciaba que las dos primeras etapas del movimiento se habían cumplido ya, dentro de Rusia, y las siguientes se desarrollarían hacia el exterior mediante el apoyo de la dictadura erigida en la URSS. Polonia, inmediatamente, y Alemania después, eran los objetivos más cercanos. Hitler argumentaba que las derrotas militares no habían sido la causa de la capitulación, porque eran mucho menores a los triunfos alcanzados. Tampoco creía que la economía  fuera la culpable de la rendición, pues el esfuerzo bélico de cuatro años se apoyó más en factores espirituales de  heroísmo y organización que en bases económicas. Y concluía que todo se había comenzado a minar ya desde años atrás y que la capitulación de 1918 era sólo el primer efecto visible de esa lenta corrosión interior.
Sin duda algo flotaba en el ambiente y era percibido por todos. Lo que Henry Ford denunciaba desde Norteamérica
como hegemonía israelita, el general Ludendorff lo identificaba entre sus documentos de Estado Mayor como «poderío secreto del mundo», y un cabo desconocido lo refería así desde su punto de vista de hombre de la masa del pueblo:
«¿No fue la prensa —decía— la que en constantes agresiones minaba los fundamentos de la autoridad estatal hasta el punto de que bastó un simple golpe para derrumbarlo todo? Finalmente, ¿no fue esa misma prensa la que  desacreditó al ejército mediante una crítica sistemática, saboteando el servicio militar obligatorio e instigando a  negar créditos para el ramo de guerra?... »Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con su visión de profeta descubriera en el fango de una humanidad paulatinamente envilecida, los elementos esenciales del veneno social, y supo reunirlos cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada para poder destruir así con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto, al servicio de su propia raza... Adquiriendo acciones entra el judío en la industria; gracias a la Bolsa crece su poder en el terreno  económico... Tiene en la francmasonería, que cayó completamente en sus manos, un magnífico instrumento para  cohonestar y lograr la realización de sus fines. Los círculos oficiales, del mismo modo que las esferas superiores de la  burguesía política y económica, se dejan coger insensiblemente en el garlito judío por medio de los lazos  masónicos... Junto a la francmasonería está la prensa como una segunda arma al servicio del judaísmo. Con rara perseverancia y suma habilidad sabe el judío apoderarse de la prensa, mediante cuya ayuda comienza  paulatinamente a cercenar y a sofisticar, a manejar y a mover el conjunto de la vida pública... »Políticamente  —añadía Hitler— el judío acaba por substituir la idea de la democracia por la de la dictadura del proletariado. El ejemplo más terrible en ese orden lo ofrece Rusia, donde el judío, con un salvajismo realmente fanático, hizo  perecer de hambre o bajo torturas feroces a treinta millones de personas, con el solo fin de asegurar de este modo a una caterva de judíos, literatos y bandidos de Bolsa, la hegemonía sobre todo un pueblo». Y el hecho de que el triunfo marxista no fuera tan definitivo en Alemania, se lo explicaba así en 1920: El pueblo alemán no estaba todavía maduro para ser arrastrado al sangriento fango bolchevique, como ocurrió con el pueblo ruso. En buena parte se  debía esto a la homogeneidad racial existente en Alemania entre la clase intelectual y la clase obrera; además, a la sistemática penetración de las vastas capas del pueblo con elementos de cultura, fenómeno que encuentra paralelo sólo en los otros Estados occidentales de Europa y que en Rusia es totalmente desconocido. Allí, la clase intelectual estaba constituida, en su mayoría, por elementos de nacionalidad extraña al pueblo ruso o por lo menos de raza no eslava. Tan pronto como en Rusia fue posible movilizar la masa ignara y analfabeta en contra de la escasa capa intelectual que no guardaba contacto alguno con aquélla, estuvo echada la suerte de este país y ganada la  revolución. El analfabeto ruso quedó con ello convertido en el esclavo indefenso de sus dictadores judíos, los cuales eran lo suficientemente perspicaces para hacer que su férula llevase el sello de la dictadura del pueblo... »La bolchevización de Alemania, esto es, el exterminio de la clase pensante nacionalracista, logrando con ello la posibilidad de someter al yugo internacional de la finanza judía las fuentes de producción alemana, no es más que el preludio de la propagación de la tendencia judía de conquista mundial. »Cómo tantas veces en la historia, Alemania constituye también en este caso el punto central de una lucha gigantesca. Si nuestro pueblo y nuestro Estado sucumben bajo la presión de esos tiranos, ávidos de sangre y de dinero, el orbe entero será presa de sus tentáculos de pulpo; mas si Alemania alcanza a librarse de ese atenazamiento, podrá decirse que para todo el mundo quedó anulado uno de los mayores peligros»

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